lunes, 30 de abril de 2012

El caballo estaba dentro, Martín Descalzo

Cuentan que un pequeño vecino de un gran taller de escultura, entró un día en el estudio del escultor y vio en él un gigantesco bloque de piedra. Y que, dos meses después, al regresar, encontró en su lugar una preciosa estatua ecuestre. Y volviéndose al escultor, le preguntó: "Y cómo sabías tú que dentro de aquel bloque había un caballo?". La frase del pequeño era bastante más que una "gracia" infantil. Porque la verdad es que el caballo estaba, en realidad, ya dentro de aquel bloque. Y que la capacidad artística del escultor consistió precisamente en eso: en saber ver el caballo que había dentro, e irle quitando al bloque de piedra todo cuanto le sobraba. El escultor no trabajó añadiendo trozos de caballo al bloque de piedra, sino liberando a la piedra de todo lo que impedía mostrar el caballo ideal que tenía en su interior. El artista supo "ver" dentro, lo que nadie veía. Ese fue su arte. Así mismo sucede con nosotros, si nos dejamos ser arte, permitiremos que nuestra esencia salga, que la puedan ver otros; no es necesario añadirnos nada más, ya estamos hechos, perfectibles. Este 30 de abril, día del niño, me invita a hacerme como niño, como niña, a dejarme sorprender por lo que pueda haber dentro de mí, y así también me dejaré sorprender por lo que habita en el otro.

miércoles, 18 de abril de 2012

La sombra de Bucéfalo de Martín Descalzo.

"Supongo que todos ustedes conocen bien la historia de Bucéfalo, el famoso caballo que sólo Alejandro Magno era capaz de montar. Cuentan las leyendas que todos los palafreneros eran incapaces de mantenerse a su grupa más allá de pocos segundos. El animal caracoleaba, se encabritaba, daba en el suelo con los huesos de todos sus jinetes.

Sólo Alejandro supo observarlo con atención y descubrir el secreto del caballo: al montarlo lo puso de cara al sol y lo espoleó decididamente. Luego controló los corcoveos del caballo, sin dejarle apartarse un ápice de la dirección del sol, hasta que el animal, cansado, se dejó dominar enteramente. ¿Cuál era el secreto que sólo Alejandro había descubierto?, Que aquel animal se asustaba de su propia sombra.

Bastaba con no dejarle verla, bastaba con enfilar sus ojos, tiesos, hacia el sol para que el animal se olvidase de sus miedos."

Así yo, hoy mirando al sol, sin voltear hacia atrás, sabiendo que las sombras existen pero que no me asustan, y que de cara al sol puedo ser quien soy! ;)

miércoles, 11 de abril de 2012

El portero del prostíbulo

Ayer con un muy buen amigo.... recordando este cuentito que nos invita...

No había en el pueblo un oficio peor conceptuado y peor pago que el de portero del prostíbulo. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre.

Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería se pasaba de padres a hijos. Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio.
Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.
Al portero, le dijo:
- A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes.

El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero.....
- Me encantaría satisfacerlo, señor -balbuceó- pero yo... yo no sé leer ni escribir.

- ¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto...
- Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo...

No lo dejó terminar.
- Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga suerte. Y sin más, se dio vuelta y se fue.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, por primera vez desocupado. ¿Qué hacer?

Recordó que a veces en el prostíbulo, cuando se rompía una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.

Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa. Para eso usaría una parte del dinero recibido.
En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferretería, y que debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha.

A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.
- Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme.
Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como
me quedé sin empleo...
- Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.
- Está bien.
A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.
- Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?
- No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula.
- Hagamos un trato -dijo el vecino- Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?.

Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días... Aceptó. Volvió a montar su mula.
Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.
- Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?
- Sí...
Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras.

El ex - portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.
"...No todos disponemos de cuatro días para compras", recordaba. Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.

En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo de viajes.
La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.
Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.

Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón.

Luego le hizo una entrada más cómoda y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primer ferretería del pueblo.

Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente.

Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.
Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos.
Y luego, ¿por qué no? Las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos.....

Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región.

Tan poderoso era, que un año, para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría además de lectura y escritura, las artes y los oficios más prácticos de la época.

El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:
- Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primer hoja del libro de actas de la nueva escuela.
- El honor sería para mí -dijo el hombre-. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto.
- ¿Usted? -dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo- ¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?
- Yo se lo puedo contestar -respondió el hombre con calma-. Si yo hubiera sabido leer y escribir... sería el portero del prostíbulo!.

lunes, 9 de abril de 2012

Nuevo Camino

Planeando un nuevo viaje, eso sí que me encanta...
Próximamente estaremos comenzando un nuevo Camino.
Ahora con nuevos peregrinos y con energías renovadas,
nuevamente sin expectativas para recibir todo lo que el quiera
regalarnos.

Me encuentro muy contenta, y pues sin duda alguna, este será un espacio
para compartir la planeación y quizá pueda ayudarte para emprender tu
propio camino!

Buen camino peregrino!

martes, 3 de abril de 2012

¿Qué es lo qué más disfrutas hacer?

Y está pregunta me recuerda la recomendación del Oráculo de Delfos, "Conócete a ti mismo". ¡Qué tarea más apasionante y más compleja! Vivimos con nosotros por toda nuestra vida y gastamos mucha energía hacia afuera, y en ocasiones no dedicamos tiempo suficiente para conocernos y darnos cuenta de qué es lo que realmente queremos, qué nos apasiona, qué nos quita el sueño, dónde late nuestro corazón con más fuerza, y aún más básico ¿qué es lo que más disfrutas hacer? Haces lo que más disfrutas hacer o simplemente estás pensando en ello todo el tiempo.

¿Qué si yo ya tengo la respuesta? No lo sé, sé que llevó una buena inversión de tiempo descubriéndome, dándome el tiempo para conocerme y eso me ha ayudado sino a tener ahora lo que "quiero"; si a estar en paz y disfrutar mucho de ese estado!

Lo que más disfruto hoy: mi tiempo, saber que soy dueña de lo que quiero hacer y hacerlo en el momento que me place, y qué hago en ese tiempo, leo, escribo, descanso, camino, y pronto, muy pronto volveré a un nuevo viaje!!