lunes, 30 de abril de 2012

El caballo estaba dentro, Martín Descalzo

Cuentan que un pequeño vecino de un gran taller de escultura, entró un día en el estudio del escultor y vio en él un gigantesco bloque de piedra. Y que, dos meses después, al regresar, encontró en su lugar una preciosa estatua ecuestre. Y volviéndose al escultor, le preguntó: "Y cómo sabías tú que dentro de aquel bloque había un caballo?". La frase del pequeño era bastante más que una "gracia" infantil. Porque la verdad es que el caballo estaba, en realidad, ya dentro de aquel bloque. Y que la capacidad artística del escultor consistió precisamente en eso: en saber ver el caballo que había dentro, e irle quitando al bloque de piedra todo cuanto le sobraba. El escultor no trabajó añadiendo trozos de caballo al bloque de piedra, sino liberando a la piedra de todo lo que impedía mostrar el caballo ideal que tenía en su interior. El artista supo "ver" dentro, lo que nadie veía. Ese fue su arte. Así mismo sucede con nosotros, si nos dejamos ser arte, permitiremos que nuestra esencia salga, que la puedan ver otros; no es necesario añadirnos nada más, ya estamos hechos, perfectibles. Este 30 de abril, día del niño, me invita a hacerme como niño, como niña, a dejarme sorprender por lo que pueda haber dentro de mí, y así también me dejaré sorprender por lo que habita en el otro.

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