Afortunadamente la vida, Dios, me han dado la posibilidad de vivirme así, confiando en que puedo hacer lo que quiero, sobre todo que puedo soltar y que si suelto, no me quedo en el vacío, Dios me sostiene, además de todos mis antepasados que me anteceden y algunos que privilegiadamente conocí y ame. No lo digo como un verbo aprendido o repetido de algún lugar que lo escuche; lo digo por mi experiencia y por las recurrentes ocasiones que lo he comprobado.
Es verdad ser mamá me ha convertido en alguien más responsable, a veces me vivo con un poco de miedo, pero me dura poco, y bueno, la maternidad exclusiva me ha regalado nuevas confianzas que ni siquiera me esperaba. Confieso que no es fácil sin embargo es posible. Y me explicó un poco.
1.No me aferro a casi nada, suelto con facilidad sobre todo las cosas materiales. También he aprendido a en ocasiones, con el dolor que implica, a soltar personas.
2.No dependo de casi nada, vivo las cosas como herramientas que me permiten llegar a un objetivo, pero definitivamente no son el objetivo.
3.Claro que hay cosas que me lastiman y me dan miedo pero no me detengo mucho contemplando la desgracia. Antes sí, hoy ya menos.
4.Confío en que cada día tiene su propio afán y se renueva cuando el sol vuelve a aparecer. Nada es absoluto.
5.Me considero una profunda amante de Dios, lo tengo presente todo el tiempo, aunque no vaya a misa ni haga ritos que a veces no entiendo, eso sí, lo vivo como mi centro y me vivo privilegiada por su amor.
La confianza en la vida me ayuda a vivirme más libre, y en el momento de escribir esto es que hago la analogía: vivir confiando me libera. Vivir más libre me hace vivir más plena y vivir más plena me hace sonreír, por lo que concluyó que la mayor parte de mi vida es una vida consciente.

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